<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6886383213195156699</id><updated>2011-09-12T05:18:56.169-07:00</updated><title type='text'>TEXXXTOS</title><subtitle type='html'>En esta publicación les dejo algunos textos que llaman mi atención.... Espero los disfruten tanto como yo!</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://seinembu-textos.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6886383213195156699/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seinembu-textos.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Kazuo Sushi Delivery</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>6</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6886383213195156699.post-9109256610336028859</id><published>2008-06-27T13:45:00.000-07:00</published><updated>2008-06-27T13:46:10.418-07:00</updated><title type='text'>CARPE DIEM</title><content type='html'>Un cuento de Abelardo Castillo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–A ella le gustaba el mar, andar descalza por la calle, tener hijos, hablaba con&lt;br /&gt;los gatos atorrantes, quería conocer el nombre de las constelaciones; pero no sé&lt;br /&gt;si es del todo así, no sé si de veras se la estoy describiendo –dijo el hombre&lt;br /&gt;que tenía cara de cansancio. Estábamos sentados desde el atardecer junto a una&lt;br /&gt;de las ventanas que dan al río, en el club de pescadores, ya era casi medianoche&lt;br /&gt;y desde hacía una hora él hablaba sin parar. La historia, si se trataba de una&lt;br /&gt;historia, parecía difícil de comprender: la había comenzado en distintos puntos&lt;br /&gt;tres o cuatro veces, y siempre se interrumpía y volvía atrás y no pasaba del&lt;br /&gt;momento en que ella, la muchacha, bajó una tarde de aquel tren. –Se parecía a la&lt;br /&gt;noche de las plazas –dijo de pronto, lo dijo con naturalidad: daba la impresión&lt;br /&gt;de no sentir pudor por sus palabras. Yo le pregunté si ella, la muchacha, era la&lt;br /&gt;que se parecía a las plazas. –Por supuesto –dijo el hombre, y se pasó el&lt;br /&gt;nacimiento de la palma de la mano por la sien, un gesto raro, como de fatiga o&lt;br /&gt;desorientación–. Pero no a las plazas, a la noche de ciertas plazas. O a&lt;br /&gt;ciertas noches húmedas, cuando hay esa neblina que no es neblina y los bancos de piedra y el pasto brillan. Hay un verso que habla de esto, del esplendor en la&lt;br /&gt;hierba, en realidad no habla de esto ni de nada que tenga que ver con esto, pero&lt;br /&gt;quién sabe. De todas maneras no es así, si empiezo así no se lo voy a contar&lt;br /&gt;nunca. La verdad es que me tenía harto. Compraba plantitas y las dejaba sobre mi&lt;br /&gt;escritorio, doblaba las páginas de los libros, silbaba. No distinguía a Mozart&lt;br /&gt;de Bartok, pero ella silbaba, sobre todo a la mañana, carecía por completo de&lt;br /&gt;oído musical pero se levantaba silbando, andaba entre los libros, las macetas y&lt;br /&gt;los platos de mi departamento de soltero como una carmelita descalza y, sin&lt;br /&gt;darse cuenta, silbaba una melodía extrañísima, imposible, una cosa inexistente&lt;br /&gt;que era como una czarda inventada por ella. Tenía, ¿cómo puedo explicárselo&lt;br /&gt;bien?, tenía una alegría monstruosa, algo que me hacía mal. Y, como yo también&lt;br /&gt;le hacía mal, cualquiera hubiese adivinado que íbamos a terminar juntos, pegados&lt;br /&gt;como lapas, y que aquello iba a ser una catástrofe. ¿Sabe cómo la conocí? Ni&lt;br /&gt;usted ni nadie puede imaginarse cómo la conocí. Haciendo pis contra un árbol. Yo&lt;br /&gt;era el que hacía pis, naturalmente. Medio borracho y contra un plátano de la&lt;br /&gt;calle Virrey Melo. Era de madrugada y ella volvía de alguna parte, qué curioso,&lt;br /&gt;nunca le pregunté de dónde. Una vez estuve a punto de hacerlo, la última vez,&lt;br /&gt;pero me dio miedo. La madrugada del árbol ella llegó sin que yo la oyera&lt;br /&gt;caminar, después me di cuenta de que venía descalza, con las sandalias en la&lt;br /&gt;mano, pasó a mi lado y, sin mirarme, dijo que el pis es malísimo para las&lt;br /&gt;plantitas. En el apuro me mojé todo y, cuando ella entró en su casa, yo, meado y&lt;br /&gt;tembloroso, supe que esa mujer era mi maldición y el amor de mi vida. Todo lo&lt;br /&gt;que nos va a pasar con una mujer se sabe siempre en el primer minuto. Y, sin&lt;br /&gt;embargo, es increíble de qué modo se encadenan las cosas, de qué modo un hombre puede empezar por explicarle a una muchacha que un plátano difícilmente puede ser considerado una plantita, ella simular que no recuerda nada del asunto, decirnos señor con alegre ferocidad, como para marcar a fuego la distancia, decir que está apurada, que debe rendir materias, aceptar finalmente un café que dura horas mientras uno se toma cinco ginebras y le cuenta su vida y lo que espera de la vida, pasar de allí, por un laberinto de veredas nocturnas,&lt;br /&gt;negativas, hojas doradas, consentimientos y largas escaleras, a meterla por fin&lt;br /&gt;en una cama, o a ser arrastrado a esa cama por ella, que habrá llegado hasta ahí&lt;br /&gt;por otro laberinto personal hecho de otras calles y otros recuerdos, oír que uno&lt;br /&gt;es hermoso, y hasta creerlo, decir que ella es todas las mujeres, odiarla,&lt;br /&gt;matarla en sueños y verla renacer intacta y descalza entrando en nuestro cuarto&lt;br /&gt;con una abominable maceta de azaleas o comiendo una pastafrola del tamaño de una rueda de carro, para terminar un día diciéndole con odio casi verdadero, con&lt;br /&gt;indiferencia casi verdadera, que uno está harto de tanta estupidez y de tanta&lt;br /&gt;felicidad de opereta, tratándola de tan puta como cualquier otra. Y no una sola&lt;br /&gt;vez, cinco o seis. Hasta que un día cerré con toda mi alma la puerta de su&lt;br /&gt;departamento de la calle Melo, y oí, pero como si lo oyera por primera vez, un&lt;br /&gt;ruido familiar: la reproducción de Carlos el Hechizado que se había venido&lt;br /&gt;abajo. Se da cuenta, una mujer a la que le gustaba Carlos el Hechizado. Y me&lt;br /&gt;quedé un momento del otro lado de la puerta, esperando. No pasó nada. Ella esa&lt;br /&gt;vez no volvía a poner el cuadro en su sitio: ni siquiera pude imaginármela, más&lt;br /&gt;tarde, ordenando las cosas, silbando su czarda inexistente, la que le borraba&lt;br /&gt;del corazón cualquier tristeza. Y supe que yo ya no iba a volver nunca a esa&lt;br /&gt;casa. Después, en mi propio departamento, cuando metí una muda de ropa y las&lt;br /&gt;cosas de afeitar en un bolso de mano, también sabía, desde hacía horas, que ella&lt;br /&gt;tampoco iba a llamarme ni a volver.&lt;br /&gt;–Pero usted se equivocaba, ella volvió –me oí decir y los dos nos sorprendimos;&lt;br /&gt;yo, de estar afirmando algo que en realidad no había quedado muy claro; él de&lt;br /&gt;oír mi voz, como si le costara darse cuenta de que no estaba solo. El hombre con&lt;br /&gt;cara de cansado parecía de veras muy cansado, como si acabara de llegar a este&lt;br /&gt;pueblo desde un lugar lejanísimo. Sin embargo, era de acá; se había ido a Buenos&lt;br /&gt;Aires en la adolescencia y cada tanto volvía. Yo lo había visto muchas veces,&lt;br /&gt;siempre solo. Pero ahora me parece que una vez lo vi también con una mujer.&lt;br /&gt;–Porque ustedes volvieron a estar juntos, por lo menos un día.&lt;br /&gt;–Toda la tarde de un día. Y parte de la noche. Hasta el último tren de la noche.&lt;br /&gt;El hombre con cara de cansancio hizo el gesto de apartarse un mechón de pelo de&lt;br /&gt;la frente. Un gesto juvenil y anacrónico, ya que debía de hacer años que ese&lt;br /&gt;mechón no existía. Tendría más o menos mi edad, quiero decir que ya era un&lt;br /&gt;hombre mayor, pero era difícil saberlo con precisión. Como si fuera muy joven y&lt;br /&gt;muy viejo al mismo tiempo. Como si un adolescente pudiera tener cincuenta años.&lt;br /&gt;–Lo que no entiendo –dije yo– es dónde está la dificultad. No entiendo qué es lo&lt;br /&gt;que hay que entender.&lt;br /&gt;–Justamente. No hay nada que entender, ella misma me lo dijo la última tarde.&lt;br /&gt;Hay que creer. Yo tenía que creer simplemente lo que estaba ocurriendo, tomarlo&lt;br /&gt;con naturalidad: vivirlo. Como si se me hubiera concedido, o se nos hubiera&lt;br /&gt;concedido a los dos, un favor especial. Ese día fue una dádiva, y fue real. Y lo&lt;br /&gt;real no necesita explicación alguna. Ese sauce a la orilla del agua, por&lt;br /&gt;ejemplo. Está ahí, de pronto; está ahí porque de pronto lo iluminó la luna. Yo&lt;br /&gt;no sé si estuvo siempre, ahora está. Y fulgura, y es muy hermoso. Voy y lo toco&lt;br /&gt;y siento la corteza húmeda en la mano; ésa es una prueba de su realidad. Pero no&lt;br /&gt;hace ninguna falta tocarlo, porque hay otra prueba. Y le aclaro que esto ni&lt;br /&gt;siquiera lo estoy diciendo yo, es como si lo estuviese diciendo ella. Es extraño&lt;br /&gt;que ella dijera cosas así, que las dijera todo el tiempo durante años y yo no me&lt;br /&gt;haya dado cuenta nunca. Ella habría dicho que la prueba de que existe es que es&lt;br /&gt;hermoso, y todo lo demás son palabras, y cuando la luna camine un poco y lo&lt;br /&gt;ilumine mal y lo afee, o no lo ilumine y desaparezca, bueno: habrá que recordar&lt;br /&gt;el minuto de belleza que tuvo para siempre el sauce. Y la vida real puede ser&lt;br /&gt;así, tiene que ser así, y el que no se da cuenta a tiempo de esto es un triste&lt;br /&gt;hijo de puta –dijo casi con desinterés, y yo le contesté que no lo seguía del&lt;br /&gt;todo, pero que pensaba solucionarlo pidiendo otro whisky. Le ofrecí y volvió a&lt;br /&gt;negarse: era la tercera vez que se negaba. Le hice una seña al mozo. –Entonces&lt;br /&gt;la llamé por teléfono. Una noche fui hasta la Unión Telefónica, pedí Buenos&lt;br /&gt;Aires y la llamé a su departamento. Eran como las tres de la mañana y habían&lt;br /&gt;pasado cuatro meses. Ella podía haberse mudado, podía no estar o incluso estar&lt;br /&gt;con otro. No se me ocurrió. Era como si entre aquel portazo y esta llamada no&lt;br /&gt;hubiera lugar para ninguna otra cosa. Y atendió, tenía la voz un poco extraña&lt;br /&gt;pero era su voz, un poco lejana al principio, como si le costara despertarse del&lt;br /&gt;todo, como si la insistencia del teléfono la hubiese traído desde muy lejos,&lt;br /&gt;desde el fondo del sueño. Le dije todo de corrido, a la hora que salía el tren&lt;br /&gt;de Retiro, a la hora que iba a estar esperándola en la estación, lo que pensaba&lt;br /&gt;hacer con ella, qué sé yo qué, lo que nunca habíamos hecho y estuvimos a punto&lt;br /&gt;de no hacer nunca, lo que hace la gente, caminar juntos por la orilla del agua,&lt;br /&gt;ir a un baile con patio de tierra, oír las campanas de la iglesia, pasar por el&lt;br /&gt;colegio donde yo había estudiado. A ver si se da cuenta: sabe cuántos años hacía&lt;br /&gt;que nos conocíamos, cuántos años habían pasado desde que me sorprendió contra el plátano. Le basta con la palabra años, se lo veo en la cara. Y en todo este tiempo nunca se me había ocurrido mostrarle el Barrio de las Canaletas ni el&lt;br /&gt;camino del puerto, el paso a nivel de juguete por donde cruzaba el ferrocarril&lt;br /&gt;chiquito de Dipietri, la Cruz, el lugar donde lo mataron a Marcial Palma. ¿Cómo&lt;br /&gt;no se me había ocurrido antes? Qué sé yo, no comprende que ése era justamente el problema. Y ella no sólo me atendió y se fue despertando y habló por teléfono&lt;br /&gt;conmigo, sino que vino: ella bajó de ese tren... –Y no sólo había bajado de ese&lt;br /&gt;tren sino que traía puesto un vestido casi olvidado, un código entre ellos, una&lt;br /&gt;señal secreta, y era como si el tiempo no hubiese tocado a la mujer, no el&lt;br /&gt;tiempo de esos tres o cuatro últimos meses, sino el Tiempo, como si la muchacha&lt;br /&gt;descalza que había pasado hacía años junto al plátano bajara ahora de ese tren.&lt;br /&gt;Vi venir por fin al mozo. –Sí, exactamente ésa fue la impresión –dijo el hombre,&lt;br /&gt;que tenía cara de cansancio–. Pero usted, cómo lo sabe.&lt;br /&gt;Le contesté que él mismo me lo había dicho, varias veces, y le pedí al mozo que&lt;br /&gt;me trajera el whisky. Lo que todavía no me había dicho es qué tenía de extraño,&lt;br /&gt;que tenía de extraño que ella viniera a este pueblo, con ése o con cualquier&lt;br /&gt;otro vestido. Tres o cuatro meses no es tanto tiempo. ¿No la había llamado él&lt;br /&gt;mismo? ¿No era su mujer?&lt;br /&gt;–Claro que era mi mujer –dijo, y sacó de un bolsillo del pantalón un pequeño&lt;br /&gt;objeto metálico, lo puso sobre la mesa y se quedó mirándolo. Era una moneda,&lt;br /&gt;aunque me costó reconocerla; estaba totalmente deformada y torcida. –Claro que&lt;br /&gt;yo mismo la había llamado. –Volvió a guardar la moneda mientras el mozo me&lt;br /&gt;llenaba el vaso, y sin preocuparse del mozo ni de ninguna otra cosa, agregó:&lt;br /&gt;–Pero ella estaba muerta.&lt;br /&gt;–Bueno, eso cambia un poco las cosas –dije yo–. Déjeme la botella, por favor.&lt;br /&gt;Ella no era un fantasma. El hombre con cara de cansancio no creía en fantasmas.&lt;br /&gt;Ella era real, y la tarde de ese día y las horas de la noche que pasaron juntos&lt;br /&gt;en este pueblo, fueron reales. Como si se les hubiera concedido vivir, en el&lt;br /&gt;presente, un día que debieron vivir en el pasado. Cuando el hombre terminó de&lt;br /&gt;hablar, me di cuenta de que no me había dicho, ni yo le había preguntado,&lt;br /&gt;algunas cosas importantes. Quizá las ignoraba él mismo. Yo no sabía cómo había&lt;br /&gt;muerto la muchacha ni cuándo. Lo que haya sucedido, pudo suceder de cualquier&lt;br /&gt;manera y en cualquier momento de aquellos tres o cuatro meses, acaso&lt;br /&gt;accidentalmente y, por qué no, en cualquier lugar del mundo. Tres o cuatro meses no es tanto tiempo, como había dicho yo, pero bastan para tramar demasiados desenlaces. El caso es que ella estuvo con él más de la mitad de un día, y muchas personas los vieron juntos, sentados a una mesa de chapa en un baile con patio de tierra, caminando por los astilleros, en la plaza de la iglesia,&lt;br /&gt;hablando ella con unos chicos pescadores, corrido él por el perro de un vivero&lt;br /&gt;en el que se metió para robar una rosa, rosa que ella se llevó esa noche y él se&lt;br /&gt;preguntaba adónde, muchos la vieron y algún chico habló con ella, pero cómo&lt;br /&gt;recordarla después, si nadie en este pueblo la había visto antes. Cómo saber que&lt;br /&gt;era ella y no simplemente una mujer cualquiera, y hasta mucho menos, un vestido, que al fin de cuentas sólo para ellos dos era recordable, una manera de sonreír o de agitar el pelo. Entonces yo pensé en el hotel, en el registro del hotel:&lt;br /&gt;allí debía de estar el nombre de los dos. Él me miró sin entender.&lt;br /&gt;–Fuimos a un hotel, naturalmente. Y si eso es lo que quiere saber, me acosté con&lt;br /&gt;ella. Era real. Desde el pelo a la punta del pie. Bastante más real que usted y&lt;br /&gt;que yo.–De pronto se rió, una carcajada súbita y tan franca que me pareció&lt;br /&gt;innoble. –Y en el cuarto de al lado, también había una pareja de este mundo.&lt;br /&gt;–No le estoy hablando de eso –dije.&lt;br /&gt;–Hace mal, porque tiene mucha importancia. Entre ella y yo, siempre la tuvo. Y&lt;br /&gt;por eso sé que ella era real. Ni una ilusión ni un sueño ni un fantasma: era&lt;br /&gt;ella, y sólo con ella yo podría haberme pasado una hora de mi vida, con la oreja&lt;br /&gt;pegada a una taza, tratando de investigar qué pasaba en el cuarto de al lado.&lt;br /&gt;–Ustedes dos tuvieron que anotarse en ese hotel, es lo que trato de decirle.&lt;br /&gt;Ella debió dar su nombre, su número de documento.&lt;br /&gt;–Nombres, números: lo comprendo. Yo también coleccionaba fetiches y les llamaba lo real. Bueno, no. Ni nombre ni número de documento. Salvo los míos, y la decente acotación: «y señora». Cualquier mujer pudo estar conmigo en ese hotel y con cualquiera habrían anotado lo mismo. Trate de ver las cosas como las veía ella: ese día era posible a condición de no dejar rastros en la realidad, y,&lt;br /&gt;sobre todo, a condición de que yo ni siquiera los buscara. Escúcheme, por favor.&lt;br /&gt;Antes le dije que ese día fue una dádiva, pero no sé si es cierto. Es muy&lt;br /&gt;importante que esto lo entienda bien. ¿Cuándo cree que me enteré de que ella&lt;br /&gt;había muerto? ¿Al día siguiente?, ¿una semana después? Entonces yo habría sido&lt;br /&gt;dichoso unas horas y ésta sería una historia de fantasmas. Usted tal vez imagina&lt;br /&gt;que ella, o algo que yo llamo ella se fue esa noche en el último tren, yo viajé&lt;br /&gt;a Buenos Aires y allí, un portero o una vecina, intentaron convencerme de que&lt;br /&gt;ese día no pudo suceder. No. Yo supe la verdad a media tarde y ella misma me lo&lt;br /&gt;dijo. Ya habíamos estado en el Barrio de las Canaletas, ya habíamos reído y&lt;br /&gt;hasta discutido, yo había prometido ser tolerante y ella ordenada, yo iba a&lt;br /&gt;regalarle libros de Astronomía y mapas astrales y ella una gran pipa&lt;br /&gt;dinamarquesa, y de pronto yo dije la palabra ‘cama’ y ella se quedó muy seria.&lt;br /&gt;Antes pude haber notado algo, su temor cuando quise mostrarle la hermosa zona&lt;br /&gt;vieja del cementerio donde vimos las lápidas irlandesas, ciertas distracciones,&lt;br /&gt;que se parecían más bien a un olvido absoluto, al rozar cualquier hecho&lt;br /&gt;vinculado con nuestro último día en Buenos Aires, alguna fugaz ráfaga de&lt;br /&gt;tristeza al pronunciar palabras como mañana. No sé, el caso es que yo dije que&lt;br /&gt;ya estaba viejo para tanta caminata y que si quería contar conmigo a la noche&lt;br /&gt;debíamos, antes, encontrar una cama, y ella se puso muy seria. Dijo que sí, que&lt;br /&gt;íbamos a ir a donde yo quisiera, pero que debía decirme algo. Había pensado no&lt;br /&gt;hacerlo, le estaba permitido no hacerlo, pero ahora sentía que era necesario,&lt;br /&gt;cualquier otra cosa sería una deslealtad. No te olvides que ésta soy yo, me&lt;br /&gt;dijo, no te olvides que me llamaste y que vine, que estoy acá con vos y que&lt;br /&gt;vamos a estar juntos muchas horas todavía. Pensé en otro hombre, pensé que era&lt;br /&gt;capaz de matarla. No pude hablar porque me puso la mano sobre los labios. Se&lt;br /&gt;reía y le brillaban mucho los ojos, y era como verla a través de la lluvia. Me&lt;br /&gt;dijo que a veces yo era muy estúpido, me dijo que sabía lo que yo estaba&lt;br /&gt;pensando, era muy fácil saberlo, porque los celos le ponen la cara verde a los&lt;br /&gt;estúpidos. Me dijo que hay cosas que deben creerse, no entenderse. Intentar&lt;br /&gt;entenderlas es peor que matarlas. Me habló del resplandor efímero de la belleza&lt;br /&gt;y de su verdad. Me dijo que la perdonara por lo que iba a hacer, y me clavó las&lt;br /&gt;uñas en el hueco de la mano hasta dejarme cuatro nítidas rayas de sangre, volvió&lt;br /&gt;a decir que era ella, que por eso podía causar dolor y también sentirlo, que era&lt;br /&gt;real, y me dijo que estaba muerta y que si en algún momento del largo atardecer&lt;br /&gt;que todavía nos quedaba, si en algún minuto de la noche yo llegaba a sentir que&lt;br /&gt;esto era triste, y no, como debía serlo, muy hermoso, habríamos perdido para&lt;br /&gt;siempre algo que se nos había otorgado, habríamos vuelto a perder nuestro día&lt;br /&gt;perdido, nuestra pequeña flor para cortar, y que no olvidara mi promesa de&lt;br /&gt;llevarla a un baile con guirnaldas y patio de tierra... Lo demás, usted lo sabe.&lt;br /&gt;O lo imagina. Entramos en ese hotel, subimos las escaleras con alegre y&lt;br /&gt;deliberado aire furtivo, hicimos el amor. Tuvimos tiempo de jugar a los espiones&lt;br /&gt;con la oreja pegada a la pared del tumultuoso cuarto vecino, resoplando y&lt;br /&gt;chistándonos para no ser oídos. Ya era de noche cuando le mostré mi colegio. La&lt;br /&gt;noche es la hora más propicia de esa casa, sus claustros parecen de otro siglo,&lt;br /&gt;los árboles del parque se multiplican y se alargan, los patios inferiores dan&lt;br /&gt;vértigo. En algún momento y en algún lugar de la noche nos perdimos. Yo sé&lt;br /&gt;guiarme por las estrellas, me dijo, y dijo que aquélla debía de ser Aldebarán,&lt;br /&gt;la del nombre más hermoso. Yo no le dije que Aldebarán no se ve en nuestro&lt;br /&gt;cielo, yo la dejé guiarme. Después oímos la música lejana de un acordeón y nos&lt;br /&gt;miramos en la oscuridad. Mi canción, gritó ella, y comenzó a silbar aquella&lt;br /&gt;czarda inventada que ahora era una especie de tarantela. Me gustaría contarle lo&lt;br /&gt;que vimos en el baile: era como la felicidad. Un coche destartalado nos llevó a&lt;br /&gt;tumbos hasta la estación. Ahora es cuando menos debemos estar tristes, dijo.&lt;br /&gt;Dios mío, necesito una moneda, dijo de pronto. Yo busqué en mis bolsillos pero&lt;br /&gt;ella dijo que no; la moneda tenía que ser de ella. Buscaba en su cartera y me&lt;br /&gt;dio miedo que no la encontrase. La encontró, por supuesto. Ahora yo debía&lt;br /&gt;colocarla sobre la vía y recogerla cuando el tren se hubiera ido. No debería&lt;br /&gt;hacer esto, me dijo, pero siempre te gustaron los fetiches. También me dijo que&lt;br /&gt;debía sacarle un pasaje. Se reía de mí: Yo estoy acá, me decía, yo soy yo, no&lt;br /&gt;puedo viajar sin pasaje. Me dijo que no dejara de mirar el tren hasta que&lt;br /&gt;terminara de doblar la curva. Me dijo que, aunque yo no pudiera verla en la&lt;br /&gt;oscuridad, ella podría verme a mí desde el vagón de cola. Me dijo que la&lt;br /&gt;saludara con la mano.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6886383213195156699-9109256610336028859?l=seinembu-textos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seinembu-textos.blogspot.com/feeds/9109256610336028859/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6886383213195156699&amp;postID=9109256610336028859' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6886383213195156699/posts/default/9109256610336028859'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6886383213195156699/posts/default/9109256610336028859'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seinembu-textos.blogspot.com/2008/06/carpe-diem.html' title='CARPE DIEM'/><author><name>Kazuo Sushi Delivery</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6886383213195156699.post-7875205168332780616</id><published>2008-04-24T10:45:00.000-07:00</published><updated>2008-04-24T11:06:44.402-07:00</updated><title type='text'>El hombre roto</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_cIEM05DECKY/SBDKmd_R7dI/AAAAAAAAAAU/IKBB-xw9bKA/s1600-h/hombrerot.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192873132592066002" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_cIEM05DECKY/SBDKmd_R7dI/AAAAAAAAAAU/IKBB-xw9bKA/s320/hombrerot.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;Porque teniendo memoria &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;elegí la amnesia.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Porque siendo testigo&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;negué haber estado&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Porque tendí mi mano&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;pero no la abrí.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Porque prometí     &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;sabiendo que no cumpliría.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Porque me negué&lt;br /&gt;a soñar despierto.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Porque tuve miedo&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;                                                         al miedo.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;    &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;                                                       Porque conocí el mundo&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;                                                    para no conocerme.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;                                                       Porque no me atreví &lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;                                                    a morir de amor.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;                                                        Porque me doblé&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;                                                         en vez de romperme.&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;                                                         Porque no hice lo necesario&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;                                                        Soy el Hombre Roto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6886383213195156699-7875205168332780616?l=seinembu-textos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seinembu-textos.blogspot.com/feeds/7875205168332780616/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6886383213195156699&amp;postID=7875205168332780616' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6886383213195156699/posts/default/7875205168332780616'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6886383213195156699/posts/default/7875205168332780616'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seinembu-textos.blogspot.com/2008/04/el-hombre-roto.html' title='El hombre roto'/><author><name>Kazuo Sushi Delivery</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_cIEM05DECKY/SBDKmd_R7dI/AAAAAAAAAAU/IKBB-xw9bKA/s72-c/hombrerot.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6886383213195156699.post-5396456381533905363</id><published>2008-04-21T09:19:00.000-07:00</published><updated>2008-04-21T09:26:50.159-07:00</updated><title type='text'>Fatamorgana</title><content type='html'>Vana fatamorgana:&lt;br /&gt;frente al cielo errabundo&lt;br /&gt;creí que mi ventana&lt;br /&gt;era alta sobre e mundo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero apenas y enmarca&lt;br /&gt;en su cuadro minúsculo&lt;br /&gt;una barca en la charca&lt;br /&gt;sangrienta del crepúsculo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;César tiempo&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6886383213195156699-5396456381533905363?l=seinembu-textos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seinembu-textos.blogspot.com/feeds/5396456381533905363/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6886383213195156699&amp;postID=5396456381533905363' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6886383213195156699/posts/default/5396456381533905363'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6886383213195156699/posts/default/5396456381533905363'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seinembu-textos.blogspot.com/2008/04/fatamorgana.html' title='Fatamorgana'/><author><name>Kazuo Sushi Delivery</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6886383213195156699.post-4376699913228432783</id><published>2008-04-21T09:08:00.000-07:00</published><updated>2008-04-21T09:16:43.327-07:00</updated><title type='text'>Tornamor</title><content type='html'>Anduvimos sonámbulos cuatro calles perdidas&lt;br /&gt;A las que el musgo impuso s perfil provinciano.&lt;br /&gt;Soñamos otros sueños, vivimos otras vidas&lt;br /&gt;Y la última luna se nos fue de la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tímidos y orgullosos fuimos como esas voces&lt;br /&gt;Que quieren y no pueden crecer en la garganta,&lt;br /&gt;Nuestro amor macerado por angustias precoces&lt;br /&gt;Tuvo una dicha pobre y una tristeza santa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amor que hallado fue como un deslumbramiento&lt;br /&gt;En un día cualquiera, en un lugar cualquiera&lt;br /&gt;Llegó como una música, se marcho como el viento&lt;br /&gt;Y volvió nuevamente como la primavera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo leguas y tiempo y ausencia y amargura,&lt;br /&gt;Tensa cuerda de llamas anudada a tu sombra.&lt;br /&gt;Ahora estoy a la orilla de tus ojos, perduras.&lt;br /&gt;Lo se bien, mi silencio numeroso te nombra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te amo aún desolado entre estas duras cosas.&lt;br /&gt;Amo lo inaccesible. ¡Pero estas tan distante!&lt;br /&gt;Cuando se marchitan las rosas&lt;br /&gt;Queda lo que mas vale: rosada agua fragante &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mas las rodad antiguas aún no se marchitaron&lt;br /&gt;Su olorosa presencia se afirma en cualquier parte,&lt;br /&gt;Tus sueños dolorosos fueron y regresaron&lt;br /&gt;Y los mios partieron detrás para bucarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La misma noche que arde sobre tus calles viejas&lt;br /&gt;Cuando pasaba entonces, loco como un silbido,&lt;br /&gt;Solo y avergonzado entre tantas parejas,&lt;br /&gt;Me dice lo que vale renacer del olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotros siempre somos los mismos aunque cueste&lt;br /&gt;Reconocer las huellas del supremo senático,&lt;br /&gt;Fuimos dos esperanzas bajo un cielo celeste&lt;br /&gt;Ahora estamos perdidos en un mundo fanático&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dulce amiga: vivimos mil vida y una muerte&lt;br /&gt;Y este reencuentro trae la adolescencia ilesa,&lt;br /&gt;Sufro la terca angustia de encontrarte y perderte&lt;br /&gt;Y no se si este amor se desangra o regresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Déjame hablarte asi como un niño extraviado&lt;br /&gt;Ante l vida inmensa, tembloroso y pequeño,&lt;br /&gt;Decir cuanto te quise es hablarle al pasado&lt;br /&gt;Y el amor es un tiempo sin tiempo como el sueño.    &lt;br /&gt;Israel Zeitlin&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6886383213195156699-4376699913228432783?l=seinembu-textos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seinembu-textos.blogspot.com/feeds/4376699913228432783/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6886383213195156699&amp;postID=4376699913228432783' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6886383213195156699/posts/default/4376699913228432783'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6886383213195156699/posts/default/4376699913228432783'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seinembu-textos.blogspot.com/2008/04/tornamor.html' title='Tornamor'/><author><name>Kazuo Sushi Delivery</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6886383213195156699.post-7884770927381684309</id><published>2008-04-10T20:20:00.000-07:00</published><updated>2008-04-10T20:23:28.659-07:00</updated><title type='text'>EL AMOR</title><content type='html'>La archivera es una mujer alta, guapa, con rasgos faciales grandes y vivos. Es inteligente, divertida y tiene lo que la gente llama carácter. El futbolista es un hombre alto, guapo, con rasgos faciales grandes y vivos. Es inteligente, divertido y tiene lo que la gente llama carácter.&lt;br /&gt;La archivera trata al futbolista con desdén. Se muestra seca, displicente. De tanto en tanto, cuando él la llama (siempre es él quien la llama; ella a él no lo llama nunca), aunque no tenga nada que hacer le dice que ese día no le va bien que se vean. Da a entender que tiene otros amantes, para que el futbolista no se crea con ningún derecho. Alguna vez ha cavilado (tampoco mucho, no fuera a darse cuenta de que se equivoca) y llegado a la conclusión de que lo trata con desdén porque en el fondo lo quiere mucho y teme que, si no lo tratara con desdén, caería en la trampa y se enamoraría de él tanto como él está enamorado de ella. Cada vez que la archivera decide que se acuesten, el futbolista se pone tan contento que le cuesta creerlo y llora de alegría, como con ninguna otra mujer. ¿Por qué? No lo sabe, pero cree que el desprecio con que lo trata la archivera no lo es todo. De ninguna manera es el factor decisivo. Sabe que en el fondo ella lo quiere, y sabe que si finge dureza es para no caer en la trampa, para no enamorarse de él tanto como él está enamorado de ella.&lt;br /&gt;El futbolista querría que Ja archivera lo tratara sin desdén o, como mínimo, con un poco menos. Porque así vería, por un lado, que ésa no es la única forma de relación posible entre los dos y, por otro, que no debe tener ningún miedo de enamorarse de él. Porque él amaría la ternura de la archivera, esa ternura que ahora le da miedo mostrar.&lt;br /&gt;A veces el futbolista sale con otras mujeres. Porque le parece que ha llegado al límite, porque decide que ya no soporta más que lo trate corno un jarro, que casi no lo mire, que lo utilice de cepillo y después lo ignore. Pero siempre vuelve. No es que las otras no le interesen lo suficiente. Todo lo contrario: son muchachas espléndidas, inteligentes, guapas y consideradas. Pero ninguna le da el placer que le da ella. Un día (una tarde. mientras la archivera fuma y lo observa desvestirse), el futbolista se decide y le habla. Le dice que no debería ser tan seca, tan huraña, que él la quiere tanto que no debe tener miedo de mostrarse tal como es. Que no se aprovecharía de ninguna debilidad de ella. Que si fuese tierna (y él sabe que lo es, y que finge no serlo) la querría aún más. Airada, le dice que quién se ha creído que es para decirle lo que tiene que hacer y lo que no; le dice que se siente y lo abofetea. Esa tarde, el futbolista disfruta más que nunca. Pero, otro día que se ven, inopinadamente ella no es tan malcarada como de costumbre. El futbolista se sorprende. A lo mejor lo ha pensado y sin decirle nada, empieza a hacerle caso. Al día siguiente es incluso tierna. El futbolista se alegra mucho. Por fin ha entendido que no tenía por qué tener miedo. Que mostrarse tal como es no va a reportarle ningún mal. Están en la cama. El futbolista está tan emocionado que se conmueve con cada gesto, con cada caricia. En cada mimo encuentra un placer especial. Es tal la ternura que ni tiene ganas de coger; les basta con abrazarse y decirse que se quieren (ahora ella se lo dice a cada momento).&lt;br /&gt;La archivera no vuelve a tratarlo con desprecio nunca más. Está tan enamorada del futbolista que se lo dice por la mañana, por la tarde, por la noche. Le regala camisas, libros. Se le entrega siempre que él quiere. Es ella quien lo llama, cada vez más, para que se vean todos los días. Y una noche le propone que se vayan a vivir juntos. El futbolista la observa fríamente, con la mirada vidriosa. Hasta no hace mucho hubiera dado el brazo derecho porque le propusiese lo que acaba de proponerle.&lt;br /&gt;QUIM MONZÓ&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6886383213195156699-7884770927381684309?l=seinembu-textos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seinembu-textos.blogspot.com/feeds/7884770927381684309/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6886383213195156699&amp;postID=7884770927381684309' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6886383213195156699/posts/default/7884770927381684309'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6886383213195156699/posts/default/7884770927381684309'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seinembu-textos.blogspot.com/2008/04/el-amor.html' title='EL AMOR'/><author><name>Kazuo Sushi Delivery</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6886383213195156699.post-3285861522743775749</id><published>2008-04-10T20:03:00.000-07:00</published><updated>2008-04-10T20:14:51.604-07:00</updated><title type='text'>Historias de Cronopios y de Famas</title><content type='html'>Viajes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Cuando los famas salen de viaje, sus costumbres al pernoctar en una ciudad son las siguientes: Un fama va al hotel y averigua cautelosamente los precios, la calidad de las sábanas y el color de las alfombras. El segundo se traslada a la comisaría y labra un acta declarando los muebles e inmuebles de los tres, así como el inventario del contenido de sus valijas. El tercer fama va al hospital y copia las listas de los médicos de guardia y sus especialidades.    Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de "Alegría de los famas".Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.    Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan.&lt;br /&gt;Julio Cortázar&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6886383213195156699-3285861522743775749?l=seinembu-textos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://seinembu-textos.blogspot.com/feeds/3285861522743775749/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6886383213195156699&amp;postID=3285861522743775749' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6886383213195156699/posts/default/3285861522743775749'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6886383213195156699/posts/default/3285861522743775749'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://seinembu-textos.blogspot.com/2008/04/historias-de-cronopios-y-de-famas.html' title='Historias de Cronopios y de Famas'/><author><name>Kazuo Sushi Delivery</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
